El peyote, el dios mágico.

El uso de plantas enteógenas* ha sido frecuente en muchas culturas en todo el mundo, como vehículos hacia una mejor y mayor percepción del entorno y del individuo en sí. El peyote, planta endémica del norte de México y sur de Estados Unidos ha sido utilizado durante miles de años por varios grupos indígenas en rituales de espiritualidad y como planta medicinal.

Morfología.

El peyote (del náhuatl peyotl, cuyo nombre científico es Lophophora williamsii) es un pequeño cactus sin espinas, endémico de la región sudoriental de los Estados Unidos (incluidos los estados de Texas y Nuevo México) y el norte de México especialmente la región del Río Grande y el desierto de Chihuahua.

El peyote es un pequeño cactus globular, redondo y de cerca de 12 centímetros de diámetro, con un color verde azulado glauco, aunque en algunas zonas desérticas puede adquirir tonalidades blancas o rojizas debido al polvo y al sol. Carece de espinas, excepto en la fase inicial de crecimiento, y en lugar de éstas posee unas prolongaciones lanosas pubescentes de color blanco o ligeramente amarillentas, similares al algodón, llamadas gloquidios.

La flor del peyote es generalmente de color blanco rosáceo pálido, aunque puede variar dependiendo de la especie, variedad o fenotipo en cuestión.

Sus semillas son de color negro, verrugosas y de tamaño minúsculo. Tardan alrededor de 3 a 6 meses en desarrollarse, y una vez maduras, sobresalen a través del meristemo apical de la planta dentro de una vaina carnosa de color rosáceo-rojizo o blanquecino amarillento.

La parte superior del cactus que sobresale del suelo, también llamada corona, consiste en botones en forma de disco que son cortados de la raíz y secados. Estos botones generalmente se mastican o se hierven en agua para elaborar un té psicotrópico. La dosis efectiva de la mezcalina es alrededor del 0,3 al 0,5 g., equivalente a 5 g de peyote seco y la experiencia dura alrededor de 12 horas.

Todas las especies de Lophophora son de crecimiento extremadamente lento, a menudo tardan más de 30 años en alcanzar la edad de floración (el tamaño de una pelota de golf, sin incluir la raíz). Los especímenes cultivados crecen a mayor velocidad, normalmente tardan entre 6 y 10 años en alcanzar la madurez a partir de plántulas de semillero. Debido a este lento crecimiento y a la sobre recolección a que está sujeto, se le considera en peligro de extinción.

El peyote, de sabor amargo debido a que contiene unos 60 alcaloides, ha perdurado a lo largo de los siglos como una especie sagrada para algunas culturas indígenas. Pero la característica más conocida de esta planta es el singular efecto enteogénico que produce en el organismo al ser ingerida. Mediante prácticas rituales con plantas enteógenas las antiguas civilizaciones indígenas pretendían “inducir experiencias de iniciación a ciertos misterios y para curar enfermedades del cuerpo y del alma”.

Los pueblos que lo emplean ancestralmente con fines rituales son entre otros: Huicholes, Tarahumaras, Tepehuanis, Coras, además de varias tribus estadounidenses que se han reunido bajo el nombre de Iglesia Peyotera Nativa Americana (Native American Peyote Church), reconocida legalmente en los EU desde 1918.

Usos del Peyote como planta medicinal:

En la medicina tradicional indígena de algunos pueblos se ha usado como remedio para la diabetes, la neumonía y el cáncer; como analgésico, contra los dolores de muelas, reumatismo o artritis, asma, malestares intestinales, influenza; para facilitar el parto y aumentar el deseo sexual, también para efectos ocasionados por la mordedura de serpiente, picaduras de escorpión y algún otro tipo de envenenamiento.

En psicoterapia se ha utilizado bajo prescripción médica para el tratamiento de la neurastenia. Se ha utilizado también en cardiología . Se ha visto que ejerce un gran poder antibacteriano, siendo capaz de eliminar cepas que se manifestaron resistentes a las penicilinas.

El peyote contiene numerosos alcaloides, entre ellos peyotina, anhalina, anhaloidina, anhalinina, anhalonina, lofoforina, etc., pero el más importante es la mezcalina, que es un poderoso enteógeno.

La molécula de mezcalina es una fenetilamina, relacionada estructuralmente con la noradrenalina y dopamina, por lo que posee fuertes efectos sobre el sistema nervioso autónomo periférico, así como sobre el sistema nervioso central. Probablemente ningún fármaco de este grupo posee una capacidad tan deslumbrante para suscitar visiones, y en especial para producir las más fantásticas mezclas de forma y color. Tras una primera fase de euforia sobreviene un período de serenidad mental y relajación muscular, donde la atención se desvía de estímulos perceptivos para orientarse hacia la introspección y la meditación.

Entre los efectos que produce su ingestión están las visiones, distorsión de las coordenadas espacio-temporales y alteraciones del esquema corporal. Sus efectos varían en función del ánimo del consumidor, sus expectativas y el medio que le rodea, por lo que tradicionalmente se ha destacado la importancia de que el uso de esta droga fuera unido a preparativos muy concienzudos; los efectos podrían resultar impredecibles. Los preparativos y manejo de la toma de esta planta deberían estar a cargo de marakames –chamanes o maestros peyoteros, generalmente de la etnia huichol–, quienes han heredado un conocimiento milenario de su manejo.

En estado natural los botones del peyote se mastican solos o en compañía de algún líquido, su sabor es bastante amargo. Cuando el cacto se deshidrata retiene la mezcalina indefinidamente. Puede reducirse a polvo para prepararse en té o añadirse a un jugo de fruta. La mezcalina pura se administra por vía oral o intravenosa.

Las dosis bajas son de 1 a 2 cabezas de peyote; las medias de 3 a 6; y las altas de 7 a 10 cabezas. Las dosis bajas de mezcalina pura van de 150 a 200 mg; las medias de 300 a 500 mg; y las altas de 800 a 1.000 mg. En ninguno de los casos, ni consumiendo peyote o mezcalina pura se ha reportado la existencia de una dosis letal.

Los efectos del peyote ingerido crudo o seco, al igual que el de la mezcalina por vía oral, comienzan entre los 60 y 90 minutos después de la ingestión y duran entre 7 y 10 horas. Los efectos de la mezcalina inyectada comienzan entre los 10 y los 20 minutos.

La tolerancia es prácticamente nula si las dosis se espacian un mes como mínimo. Sólo tras años o décadas de administraciones mensuales o quincenales, la dosis puede doblarse o triplicarse. No hay indicios de que el consumo de peyote genere adicción física o psicológica.

Una sobredosis ocasiona arritmias peligrosas por lo que debe considerarse como urgencia médica. Los efectos de un mal viaje pueden ser suavizados con 20 mg de diazepam (Valium®) o suspenderse con 50 mg de clorpromazina (Largactil®) o haloperidol (Haldol®). En bastantes ocasiones el acceso de pánico puede ser suprimido de modo fulminante con dos palabras, un leve desplazamiento en el espacio o el mero consejo de mirar con atención cierto objeto, o escuchar cierto sonido.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s