El Cerebro es Holográfico y la Realidad, Inexistente.

 

LA CIENCIA EN LA ENCRUCIJADA

Introducción

Los avances de las neurociencias los últimos 20 años, son tan asombrosos, que todo lo que creíamos saber del ser humano, de su funcionamiento y del universo hasta hoy, ya no es como lo pensamos. También está claro que esos avances son difíciles de comprender ya que de los conceptos originales del cerebro, nos enseñaron bastante poco, tal vez por que se tenía muy poca información acerca de él o por que no existe el hábito de transformar las investigaciones en información clara y sencilla, para que la gente común vaya comprendiendo cada vez más sus funciones cerebrales y en general su mundo. Este libro entonces pretende dar un esbozo de las convicciones originales que la ciencia ha tenido acerca de la realidad fisiológica del cuerpo y de las funciones cerebrales, de la forma más simple posible, para luego desarrollar las diferencias conceptuales que se han introducido en la biología a partir de los últimos descubrimientos sobre el cerebro holográfico, explicamos de esa manera que dice la física cuántica del universo y como nos da eso una nueva perspectiva del cerebro. Una concepción del universo basada en frecuencias, receptores de frecuencias, creaciones holográficas de una realidad inexistente, hologramas de un ser único llamado humanidad que nos constituye, explicando así fabulosamente la condición no sólo de los niños Indigo y de sus talentos que, en un universo concebido bajo las viejas explicaciones, no se llega a comprender, Si no de todas aquellas personas con talentos extraordinarios a nivel perceptivo, capacidades extraordinarias de nivel intuitivo y creativo y con una extraña comprensión del mundo que hace que ese ser se sienta como si vieran las cosas con otro prisma, o fuera otra realidad. En este libro consideramos sobretodo, a esos seres que desde siempre han tenido la extraña sensación de poseer un alma, un alma que actúa como un constante y silencioso espectador, llevándolos a comprender su existencia desde la certeza que esos estados no ordinarios de conciencia en los cuales se trasciende a toda noción del espacio y del tiempo, estados contemplativos que nos dejan vislumbrar la eternidad, son lo único que vale la pena llamar real. De esa eternidad trata este libro, y esa eternidad desde la ciencia, una eternidad que se ha infiltrado lentamente en los laboratorios de la ciencia, asombrando al ojo que mira el microscopio, es una nueva ciencia que nos hace saber que hay un universo en total orden que nos contiene, que todo transcurre según un orden establecido y esta todo bien, que la evolución de la humanidad es inminente que la evolución del universo transcurre inexorablemente, sin que podamos hacer nada, por que no la alcanzamos Algunos seres, nacen con la cualidad de mirar por una ventana, donde esta realidad se muestra patente, como los Budas en meditación, eso los hace estar ausentes, aparentemente sin concentración o con déficit atencional; Seres mirando al otro lado casi todo el tiempo, comprendiendo la vida, en su concepto de totalidad, percibiéndola de la forma mas completa y verdadera.

 

 El cerebro

Hubo un tiempo que el cerebro humano se diferenciaba del de las otras especies específicamente por la presencia de una zona que hacía que, además de conciencia individual, el hombre tuviera conciencia social o al menos eso parecía. Se sabía que el ser humano tenía la capacidad superior de tener esta condición gracias a que se desarrolló en forma independiente su encéfalo, no como los otros mamíferos que lo tenían unido al cerebro. Eso, se estimó, nos hacía humanos, estas características físicas que nos permitían tener conciencia del otro. Dentro de este desarrollo del cerebro se creyó específicamente que gracias al córtex cerebral, que es que es la parte externa del encéfalo que tiene una textura rugosa de color blanco ligeramente grisácea, parecida al aspecto de la mitad de una nuez, existía en nosotros el pensamiento abstracto, creencias y capacidad de previsión de futuro entre otras cosas. Lo confirmaba también el lenguaje, esa facultad presente únicamente en el hombre que estaría controlado por una serie de centros distribuidos en las periferias del lóbulo temporal del córtex, por eso entonces estaba claro que era precísamente ese cortex cerebral lo que diferenciaría a la especie humana del resto. Nuestro cerebro funciona además con destellos, pequeños impulsos de corriente eléctrica de una potencia muy baja. La potencia de la electricidad que manejan nuestras neuronas (se mide en milivoltios) sin embargo esa es la potencia necesaria y suficiente para procesar, manejar, distribuir y usar cantidades inmensas de información y generar multiplicidad de respuestas (casi infinitas en posibilidades). Este cerebro, que es una es una máquina de bajas frecuencias, que además de lo que ya sabemos tiene conciencia de sí mismo y del entorno, cambia sus frecuencias de funcionamiento según la actividad que necesite realizar. Cada potencial eléctrico es un diferente estado de conciencia. Para cada actividad que necesitamos realizar, podríamos decir que el cerebro transforma su actividad convirtiéndose en un cerebro nuevo. Un cerebro que en cada ocasión liberará distintos químicos ya sean neuro-transmisores u otras hormonas, en fin, una configuración orgánica nueva. Estas ondas eléctricas de distinta frecuencia, producto de su actividad electroquímica y según la ocasión, pueden ser registradas mediante el electroencefalograma (EEG). Las ondas Beta (cuyo ritmo oscila entre 14 y 25 ciclos por segundo),se hallan presentes en el estado de vigilia, es decir, cuando nos encontramos realizando alguna actividad como trabajar, leer, caminar, etc. Las ondas Alfa (de 8 a 13 c/sg.), están relacionadas con los estados de relajación y meditación profunda y lúcida. Las ondas Theta (de 4 a 7 c/sg.), se relacionan con los estados emocionales y creativos. Las ondas Delta (de 0,5 a 3 c/sg.), que se activan especialmente durante el sueño profundo. A mediados de los setenta se detectaron en nuestro cerebro unas sustancias neuroreguladoras que fueron bautizadas con el nombre de “endorfinas”, éstas cumplen un papel similar al de algunos alcaloides derivados del opio, produciendo así mismo una sensación placentera. Esta droga bioquímica es liberada por el cerebro para aliviarnos un dolor o provocarnos una sensación de agrado, en realidad es la reguladora del estado de conciencia y de la sensación o percepción de ese estado. Eso en otras palabras, significa que las endorfinas, son la forma que tiene el cuerpo de dar una respuesta acorde a la situación que experimentamos, si nos herimos, las libera para apaciguar el dolor y si nuestros ojos asombrados ven la belleza de una puesta de sol, también las produce para mostrar la satisfacción, con todos sus síntomas: elevar la presión sanguínea, subir la temperatura, estimular la sonrisa, y hacer brillan los ojos. Los primeros tipos de frecuencia de las que tuvimos conocimiento en el cerebro fueron las ondas “Alpha” y “Theta”. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que estas ondas cerebrales son captadas por un amplificador y no pueden ser registradas directamente, lo que hizo necesario establecer divisiones standard, divisiones que son irreales, fueron consideradas solo en función de la medición, pero están en constante variación y en la realidad no existe un estado en que funcione solo un tipo de onda, lo que nos debe dejar claro que no hay división estricta de los estados de conciencia, estamos semi- despiertos, semi – dormidos, fluctuamos entre un estado y otro influidos por los ruidos del medio, por la luz, por la música Es el caso de la música de supermercado, que genera inducción hipnótica llevándonos a un estado donde deja de primar la lógica, y accionamos por impulso, somos mucho más receptivos entonces a la publicidad. La publicidad nos muestra, determinados colores que son mas atractivos, la ubicación estratégica de los productos y todos aquellos elementos que se usan para manipular nuestra decisión de compra, como nosotros estamos hipnotizados con la música, nos influyen de mejor manera esos factores. Dicho en otras palabras compramos en trance, ayudados por los químicos de nuestro cerebro que nos tienen las ondas cerebrales fluctuando entre theta y delta, produciendo una sensación de agrado en la compra. Cada tipo de onda se traduce entonces, en un estado psiconeuro-fisiológico diferente, nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestra actividad física y fisiológica es completamente diferente en cada uno de estos estados o frecuencias, justamente por el tipo de substancias neuro-químicas y hormonas vertidas al flujo sanguíneo que se distribuyen en nuestro organismo, para cada ocasión. Tanto la presencia y cantidad de dichas substancias, el entorno, los estimulantes sensoriales, internos y externos; como la música, el silencio, la luz o la falta de ella, el estado de ánimo y el estado de percepción interna o sentido propioceptivo que tengamos, interactúan entre sí para producir un estado físico-fisiológico-mental y de comportamiento, diferente. Estos estados que podríamos considerar como de una respuesta eléctrica del cerebro, son también una respuesta fisiológica de las hormonas que comienzan a segregarse en cada uno, como asimismo, una respuesta en estados de sueño o vigilia que producen esos cambios. Estos estados han sido investigados ampliamente por la medicina para encontrar las implicancias de esas variaciones de potenciales eléctricos y su influencia en el estado de conciencia. Aunque tenemos que tener en cuenta que la ciencia desde el inicio de sus investigaciones, profundizó su interés en los estados de vigilia, o estado consciente que habían sido considerados por la sicología emergente en la época de pos- guerra, estado de normalidad, todo lo que trascendiera a ese estado de vigilia, entraba dentro de la patología. Los estados relacionados con ondas delta y theta fueron simplemente considerados estados del sueño, y si se encontraba este tipo de ondas durante la vigilia, se estimaba que había un trastorno funcional, o su sinónimo, una disfunción cerebral. “Disifunción cerebral mínima” le dicen a la aterrada mamá, los neurólogos, como diagnóstico del niño que esta absorto en la ventana durante la clase, y lo medican con un sicotrópico que bloquea, la actividad de los neurotransmisores, para que no sienta el medio, y así pueda concentrarse. Solo las últimas décadas, la Sicología Transpersonal se ha dedicado a estudiar los estados no ordinarios de conciencia y con eso ha dado énfasis al estudio de frecuencias cerebrales desde otra perspectiva que sirve como precedente para la comprensión del cerebro holográfico y los estados, de meditación, éxtasis y experiencias cumbre.

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